sábado, 12 de marzo de 2005

Erratas morrocotudas

Recibido del foro sobre lengua española FORMESPA
Todos sabemos que una errata es un error de imprenta. A menudo las erratas no conllevan significados distntos (por ejemplo esta palabra), pero otras veces alteran absolutamente el sentido de lo que se quiere decir. Las erratas se producen por el descuido de los correctores y la escasa preocupación por ofrecer la calidad necesaria. En prensa se ven cada vez más, producto de la prisa y del abaratamiento de los costes de producción. En este trabajo ofrecemos un repertorio de sorprendentes erratas recopiladas en diversos medios escritos. Se cuenta que en una ocasión, cierta folclórica fue entrevistada para una de esas nefandas revistas de «la prensa rosa». Cuando se publicó la entrevista, el redactor manifestaba que ante una indiscreta pregunta, la folclórica había fruncido el coño. Me pregunto si físicamente es posible realizar tal proeza. Lamento no poder experimentarlo en persona. Si alguna dama siente la curiosidad, rogamos nos cuente los resultados. Yo más bien creo que lo que frunció fue el ceño. Si quieres seguir leyendo pulsa sobre el número 21153 de abajo... En un libro de texto de historia, publicado por la editorial Nueva Era, se afirmaba que la revolución francesa comenzó cuando una considerable muchedumbre armada con rudimentarias herramientas, piedras, palos y otros objetos contundentes, llevaron a cabo la toma de la Pastilla. Ya era raro que para tomar una píldora tuviera que reunirse tanto personal (¿es que estaban de marcha?); pero el colmo del absurdo era que además se armaran hasta los dientes para tan cotidiano y simple acto como el de tomar un gelocatil... ¡Y encima que significara una revolución! Vamos, que se trataba de una errata: lo que la muchedumbre tomó fue la Bastilla, una antigua fortaleza reconvertida en prisión. Refería un cronista deportivo que en el campeonato mundial de atletismo celebrado en Estados Unidos, al representante cubano de salto de longitud se le habían dado por válidos los dos primeros saltos, pero que al tercero se le había dado por culo. Los lectores suspicaces pronto pensaron mal: lógico, Estados Unidos siempre fastidiando al sufrido pueblo cubano. Pues se equivocaron; por una vez se trataba de una errata: al tercer salto del atleta cubano se le había dado por nulo. En un reciente reportaje sobre los gustos literarios de los españoles, la revista Locos por la Lectura afirmaba que actualmente la novela histórica había perdido terreno frente a la literatura de micción. La verdad es que desconocíamos que existiese semejante tipo de literatura. ¿Se trata de una literatura terapéutica destinada a aliviar los casos graves de inflamación prostática? Evidentemente, el autor del reportaje se refería a que la gente ahora prefiere la literatura de ficción. Durante la pasada liga de fútbol, en el diario deportivo Esport a tota marxade Barcelona, un miembro de la directiva azulgrana afirmó, en relación con las estrellas del Barça, que «a estos futbolistas hay que exigirles mayor rendimiento ya que tienen una picha extraordinaria». Muchas forofas, espoleadas por esta afirmación, quisieron verificar los extremos de la misma. El diario confesó que se trataba de una errata y el dirigente, por su parte, aclaró que, en efecto, él se había referido a que las estrellas del Barcelona tienen una ficha extraordinaria, aunque no quiso descartar que tal vez algunos también puedan sobresalir por las dimensiones de sus atributos, asunto que por otro lado, añadió, no era de su interés. En los primeros momentos de la transición política española, un diario de Madrid publicó que después de muchos años, se habían llevado a cabo las primeras erecciones generales en las que los ciudadanos habían participado con gran entusiasmo. Si un joven lector de hoy leyera aquella crónica, se preguntaría si para ello se habría distribuido la Viagra entre los votantes de la tercera edad. Pues no, que entonces no existía. Se trataba de otra errata: elecciones. Dicen las crónicas que durante el traslado de los restos mortales del escritor Vicente Blasco Ibáñez a su Valencia natal, la gente se agolpaba en las calles para ver pasar el cortejo fúnebre. En un periódico de la capital del Turia podía leerse lo siguiente: El féretro de nuestro escritor universal iba cubierto por una Señora. Bueno, es probable que a Blasco Ibáñez le gustaran mucho las señoras; es algo muy humano. Ahora bien, de ahí a llevar una encima el día de su entierro... ¿¡Tan salido iba a estar don Vicente!? Lo que en efecto cubría el ataúd del escritor era una Señera, es decir, una bandera valenciana. En la página de sucesos del Diario del Suroeste de Badajoz, se leía el 21 de enero pasado que en una apartada callejuela de la ciudad, un hombre había aparecido inconsciente y con una brecha en la cabeza. Cuando los servicios de urgencia lo reanimaron, el ciudadano relató que había sido atracado y golpeado con un falo. Ya es triste que la gente sufra atracos en plena calle, pero si encima se la golpea con un falo resulta además humillante. Y sorprendente, si reparamos en las proporciones que el citado objeto contundente debe tener para asestar semejante golpe, por no hablar de la pericia necesaria para su manejo. Es obvio que se trataba de una errata: el objeto en cuestión era un palo.
Jesús Saiz
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